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El 13 de mayo, en la oración de la tarde, Maria Concepción tuvo un éxtasis en el que se dirigió a un pequeño jardín, que había junto al “Local de Oración” y se abrazó, fuertemente, a las espinas de varias ramas de un rosal.

 

“Abrazad los espinos (en español las espinas). No tengáis miedo a las espinas”.

 

Después, arrancó unos pétalos de rosas y le aparecieron una Sagrada Forma pequeña en cada una de sus manos. En cada mano llevaba pétalos de rosa y una Sagrada Forma.

 

Estaban presentes dos sacerdotes españoles que fueron los receptores de las Sagradas Formas. Tengo una corta grabación de ese éxtasis (entonces las películas duraban solo 3 minutos).

 

El sentido era muy claro: No tener miedo de los espinos (o espinas), abrazar los espinos (todos los sufrimientos con los que nos íbamos a encontrar) y buscar siempre nuestro apoyo en la Eucaristía.

El primer domingo de junio se celebró la 4ª Alianza. Concelebraron 13 sacerdotes y asistieron numerosos peregrinos.

 

El Señor, por medio de María Concepción, anunció:

 

“Por un tiempo os hablaré y después no os hablaré. Después hablaré para pocos y después hablaré para todos”.

 

También nos dijo:

“Para la 5ª Alianza (20 de agosto) Ladeira estará muy cambiada…”

“En la 5ª Alianza habrá heridos…”


  Entonces no entendimos esas palabras enigmáticas, que se cumplieron al pie de la letra.

 

Pocos días después, un pequeño grupo de personas, entre las que se encontraba un sacerdote, fuimos a Fátima con María Concepción. Estuvimos en los Valinhos.

 

Allí, junto a la estatua del Ángel dando la comunión a los pastorinhos, tuvo un éxtasis dramático:

 

“Se prepara uno de los ataques más duros contra Ladeira.

Ladeira va a sufrir un gran cerco (estará cercada).

Vais a encontrar muchos obstáculos y dificultades para entrar en Ladeira.

Vais a ser perseguidos como los cazadores persiguen a sus presas…”


Nos quedamos de nuevo sorprendidos, pero sin llegar a darnos cuenta del verdadero alcance de estas palabras. Barruntábamos que algo muy duro iba a suceder contra Ladeira, pero no sabíamos qué podría ser.

 

Al mes siguiente, en una noche apacible y tranquila, estando fuera de la casa, María Concepción cayó al suelo, en éxtasis, como fulminada. Apenas estábamos algunas personas de la comunidad y algún peregrino.

 

“Las Autoridades de Portugal se han unido y combinado para acabar con Ladeira…”


  Aquellas palabras de María Concepción en éxtasis me sobrepasaron. Sinceramente, debo confesar que no las creí. No podía comprender que las “Autoridades de Portugal” ,¡nada menos!, se unieran y combinaran para acabar con Ladeira.

 

Sabía que el Patriarcado de Lisboa tenía auténtica manía persecutoria contra Ladeira, que había conseguido que la GNR acudiera frecuentemente a Ladeira, que internaran a Maria Concepción en un Hospital Psiquiátrico durante dos meses y medio, que la metieran en la cárcel… Todo esto lo sabía, pero ¿a qué más podrían llegar? “Unirse y combinarse las Autoridades de Portugal contra Ladeira” me parecía demasiado.

 

Al día siguiente regresé a España, sin tener en cuenta aquellas “exageradas” palabras, que había oído la noche anterior.

 

Volví a Ladeira el domingo 6 de agosto. Me llamó la atención durante el viaje la puesta del sol, pues todo el paisaje se tiñó de rojo, parecía algo especial, parecía una señal.

 

Iba acompañado por una señora de Valladolid. Llegamos a Ladeira alrededor de las diez de la noche. Cuando subimos la cuesta que lleva al Crucifijo de mármol, salieron a nuestro encuentro dos miembros de la GNR con linternas.

 

-¿A dónde van?

- A Ladeira.

- No se puede entrar en Ladeira, está prohibido. Ladeira ha quedado cerrada

 

Me quedé realmente angustiado por aquella situación. Fui a buscar otra entrada, por un camino no muy bueno, pero que llegaba hasta el “Calvario”. Fui despacio, al ralentí, sin luces. Pero al llegar al “Calvario” (donde terminaba el “Camino del Calvario”), salieron otros dos guardias, también con linternas.

 

De mala manera nos dijeron lo mismo : que ya no se podía entrar en Ladeira.

 

Me fui, desasosegado, a un bar-restaurante llamado Ritonicho, que estaba cerca de Ladeira. Allí me encontré con una familia francesa, peregrinos de Ladeira.

 

Me explicaron la situación : A petición del Patriarcado de Lisboa, el Ministerio del Interior había ordenado a la GNR (Guardia Nacional Republicana) que cercaran Ladeira y no dejaran entrar a nadie. Incluso habían improvisado allí un cuartel para permanecer durante meses.

 

En aquel momento cobraron sentido todos los anuncios proféticos anteriores y especialmente, el éxtasis de unos días atrás: “Las Autoridades de Portugal se han unido y combinado para acabar con Ladeira”.

 

El piloto francés se llamaba Michel y estaba acampado en el interior de Ladeira. Habían salido para cenar y hablar por teléfono. Les pedimos que nos metieran en el coche y nos dejaran ir con ellos tirados en el suelo. La noche era oscura y Michel accedió.

 

Fuimos a Ladeira por el segundo camino, el que llevaba cerca del “Calvario”. Al llegar, salieron dos guardias con una linterna. No le querían dejar pasar. Michel alegó que el ya estaba dentro días antes de llegar la GNR, que allí tenía su tienda y que hablaría con su Consulado al día siguiente.

 

Insistieron en no dejarle pasar, pero Michel aceleró y se fue tranquilamente. Sonó un silbato y el cerrojo del mosquetón (hicieron el movimiento de cargar el mosquetón para disparar).

 

Quedé admirado por la decisión y valentía de Michel. Llegó a su tienda, cerca del barracón y salieron del coche, él, su esposa y sus hijos.

 

Nosotros esperamos un poco y salimos, amparados por la oscuridad y por las “alas de San Miguel”, para llegar a la casa de María Concepción. Allí permanecimos varios días.

 

Los guardias estaban apostados en las entradas, especialmente en la entrada principal y se quedaron a vivir en una casa deshabitada cercana a la entrada, donde había vivido María Concepción al principio. Allí montaron un cuartel. Hacían rondas y se acercaban frecuentemente a las casas de la comunidad de Ladeira, pero no estaban allí (junto a la casa) permanentemente.

 

Al tercer día de nuestro encierro, presencié uno de los hechos más extraordinarios de mi vida.

 

Estábamos en el comedor, cuando María Concepción se levantó y avanzó en éxtasis hacia la capilla. Yo la seguí y también los demás, pero no tan cerca. Iba con los ojos abiertos y el semblante serio. Al llegar a la puerta de la capilla, sin entrar, abrió los brazos mirando hacia arriba y los fue cerrando despacio. Al acabar de cerrarlos apareció entre sus brazos la Cruz que estaba clavado en la pared de la capilla.

 

Sentí una tremenda emoción, era un milagro patente. Me puse de rodillas y también todos los demás. María Concepción avanzó con la Cruz en sus brazos hasta llevarla al comedor y allí la dejó de pie en el suelo.

El primer domingo de junio se celebró la 4ª Alianza. Concelebraron 13 sacerdotes y asistieron numerosos peregrinos.


El Señor, por medio de María Concepción, anunció:


Por un tiempo os hablaré y después no os hablaré. Después hablaré para pocos y después hablaré para todos”.


También nos dijo:


“Para la 5ª Alianza (20 de agosto) Ladeira estará muy cambiada…”

“En la 5ª Alianza habrá heridos…”


Entonces no entendimos esas palabras enigmáticas, que se cumplieron al pie de la letra.


Pocos días después, el 7 de junio, un pequeño grupo de personas, entre las que se encontraba un sacerdote, fuimos a Fátima con María Concepción. Estuvimos en los Valinhos. Allí, al mediodía, junto a la estatua del Ángel dando la comunión a los pastorinhos, tuvo un éxtasis en el que El Señor nos dijo :


“Sed como esta roca. Vivid para Mi y para el Padre. Todos vosotros, que seguís mi camino tenéis mucho que sufrir…Sufrid con resignación. Haced como Yo hice, que os entregué todo mi corazón y ofrecí mis brazos para la cruz y así os abrí las puertas del Cielo…

PARA LA 5ª ALIANZA LADEIRA YA ESTARÁ MODIFICADA, DE OTRO MODO.

VAIS A ENCONTRAR MUCHOS PROBLEMAS Y MUCHOS OBSTACULOS PARA VENIR A LADEIRA…”


Nos quedamos de nuevo sorprendidos, pero sin llegar a darnos cuenta del verdadero alcance de estas palabras. Barruntábamos que algo muy duro iba a suceder contra Ladeira, pero no sabíamos qué podría ser.


Al mes siguiente, el 17 de julio, en una noche apacible y tranquila, estando fuera de la casa, María Concepción cayó al suelo, en éxtasis, como fulminada. Apenas estábamos algunas personas de la comunidad y algún peregrino. Entresaco algunas frases de ese éxtasis :


“Las Autoridades de Portugal se han unido y combinado para acabar con Ladeira…

Vais a tener mucho que sufrir.

Vais a sufrir un gran cerco.

Se está preparando uno de los peores ataques llevados contra Ladeira.

Los hombres quieren destruir Ladeira.

Preparaos.

Vais a ser tan acosados como los conejos cuando son perseguidos por los cazadores…”


Aquellas palabras de María Concepción en éxtasis me sobrepasaron. Sinceramente, debo confesar que no las creí. No podía comprender que las “Autoridades de Portugal” ,¡nada menos!, se unieran y combinaran para acabar con Ladeira.


Sabía que el Patriarcado de Lisboa tenía auténtica manía persecutoria contra Ladeira, que había conseguido que la GNR acudiera frecuentemente a Ladeira, que internaran a Maria Concepción en un Hospital Psiquiátrico durante dos meses y medio, que la metieran en la cárcel…


Todo esto lo sabía, pero ¿a qué más podrían llegar? “Unirse y combinarse las Autoridades de Portugal contra Ladeira” me parecía demasiado.


A los dos días regresé a España, sin tener en cuenta aquellas “exageradas” palabras, que había oído la noche anterior.


Volví a Ladeira el sábado 5 de agosto. Me llamó la atención durante el viaje la puesta del sol, pues todo el paisaje se tiñó de rojo, parecía algo especial, parecía una señal.


Iba acompañado por una señora de Valladolid. Llegamos a Ladeira alrededor de las diez de la noche. Cuando subimos la cuesta que lleva al Crucifijo de mármol, salieron a nuestro encuentro dos miembros de la GNR con linternas.


-¿A dónde van?

- A Ladeira.

- No se puede entrar en Ladeira, está prohibido. Ladeira ha quedado cerrada…


Me quedé realmente angustiado por aquella situación. Fui a buscar otra entrada, por un camino no muy bueno, pero que llegaba hasta el “Calvario”. Fui despacio, al ralentí, sin luces. Pero al llegar al “Calvario” (donde terminaba el “Camino del Calvario”), salieron otros dos guardias, también con linternas.

De mala manera nos dijeron lo mismo : que ya no se podía entrar en Ladeira.


Me fui, desasosegado, a un bar-restaurante llamado Ritonicho, que estaba cerca de Ladeira. Allí me encontré con una familia francesa, peregrinos de Ladeira.


Me explicaron la situación : A petición del Patriarcado de Lisboa, el Ministerio del Interior había ordenado a la GNR (Guardia Nacional Republicana) que cercaran Ladeira y no dejaran entrar a nadie. Incluso habían improvisado allí un cuartel para permanecer durante meses.


En aquel momento cobraron sentido todos los anuncios proféticos anteriores y especialmente, el éxtasis de unos días atrás:

“Las Autoridades de Portugal se han unido y combinado para acabar con Ladeira”


El piloto francés se llamaba Michel y estaba acampado en el interior de Ladeira. Habían salido para cenar y hablar por teléfono. Les pedimos que nos metieran en el coche y nos dejaran ir con ellos tirados en el suelo. La noche era oscura y Michel accedió.


Fuimos a Ladeira por el segundo camino, el que llevaba cerca del “Calvario”.

 

Al llegar salieron dos guardias con una linterna. No le querían dejar pasar. Michel alegó que el ya estaba dentro días antes de llegar la GNR, que allí tenía su tienda acampada y que hablaría con su Consulado al día siguiente.


Insistieron en no dejarle pasar, pero Michel aceleró y se fue tranquilamente. Sonó el silbato y el cerrojo del mosquetón (hicieron el movimiento de cargar el mosquetón para disparar).

Quedé admirado por la decisión y valentía de Michel.

 

Llegó a su tienda, cerca del barracón y salieron, él, su esposa y sus hijos. Nosotros esperamos un poco y salimos, amparados por la oscuridad y por las “alas de San Miguel”, para llegar a la casa de María Concepción. Allí permanecimos varios días.


Los guardias estaban apostados en las entradas, especialmente en la entrada principal y se quedaron a vivir en una casa deshabitada cercana a la entrada, donde había vivido María Concepción al principio. Allí montaron un cuartel.


Hacían rondas y se acercaban frecuentemente a las casas de la comunidad de Ladeira, pero no estaban allí (junto a la casa) permanentemente.


En las casas de Ladeira (casas todas seguidas, como se ve en una foto) estaban también 2 mujeres de Burgos, que ya estaban allí cuando llegaron los guardias y otras dos mujeres de Francia.


Al tercer día de mi estancia escondido en Ladeira, día 8,presencié uno de los hechos más extraordinarios de mi vida.

 

Estábamos en el comedor, cuando María Concepción se levantó y avanzó en éxtasis hacia la capilla. Yo la seguí y también los demás, pero no tan cerca. Iba con los ojos abiertos, con un fulgor especial y sonriendo.

 

Al llegar a la puerta de la capilla, sin entrar, abrió los brazos mirando hacia arriba y los fue cerrando despacio. Al acabar de cerrarlos apareció entre sus brazos la Cruz que estaba clavado en la pared de la capilla.

 

Sentí una tremenda emoción, era un milagro patente. Me puse de rodillas y también todos los demás. María Concepción avanzó con la Cruz en sus brazos hasta llevarla al comedor y allí la dejó de pie en el suelo.

 

El 8 de agosto de 1972, esta Cruz  (la que sangró)    se desclavó de la pared de la capilla y apareció, ante nuestros ojos, en los brazos de Maria Concepción
El 8 de agosto de 1972, esta Cruz (la que sangró) se desclavó de la pared de la capilla y apareció, ante nuestros ojos, en los brazos de Maria Concepción

Estábamos presentes 4 personas de España (Isabelita, Pilar, Margarita y yo), dos de Francia (Armande y una amiga suya que le acompañaba siempre) y varias de la comunidad.


Al salir del éxtasis, María Concepción miró extrañada a la Cruz. No sabía por qué estaba allí. Intentó cogerla y llevarla de nuevo a la capilla, pero no pudo con ella. Entre dos personas la llevamos más tarde a la capilla y lo pusimos sobre la cama del “milagro de los 40 días”.


Salí de Ladeira a los tres días, por la noche, andando, para llegar hasta mi coche y volver a España.

 

José Luis López de San Román Tamayo

 

E-mail: sanromanta@gmail.com

 

 

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