AÑO 1974 


El juicio contra María Concepción nos sirvió para comprobar lo que ya sabíamos :

¡NO EXISTIA EL MENOR FUNDAMENTO DE FRAUDE O ENGAÑO EN LOS HECHOS DE LADEIRA!


Al mismo tiempo, puso de manifiesto, lo que también sabíamos : Al Patriarcado de Lisboa no le interesaba la verdad, solo le interesaba acabar con Ladeira, del modo que fuera : internando a María Concepción en un hospital psiquiátrico, solicitando que fuera allí la Guardia Nacional Republicana para impedir que los peregrinos acudieran a rezar (y si era necesario que los repelieran violentamente), o presionando a un testigo, al que habían entregado dinero, para que dijera algo, que ni ese testigo se atrevió a declarar PORQUE ERA MENTIRA.


Claro está, que Fernando Ribeiro declaró la verdad, porque el abogado Vasco da Gama Fernandes le “recordó” que estaba bajo juramento y que el “perjurio” era un delito. Y, claro está, porque el abogado tenía conocimiento de los contactos de Fernando Ribeiro con el Patriarcado…


La situación no cambió después del juicio. Ladeira seguía cerrada, aunque los peregrinos continuábamos acudiendo en ciertas fechas, llegando hasta el Camino del Calvario para rezar.


Igualmente, algunos continuábamos viendo a María Concepción fuera de Ladeira.


Y así, a finales del año 1973 nos contaron un hecho bastante extraño, humanamente hablando. El 15 de noviembre María Concepción tuvo una marcha extática de rodillas, acompañada una persona de la comunidad : María José.

 

En esa marcha extática, María Concepción encontró unas ramas secas de un rosal. Se las dio a María José y le mandó que pusiera essa ramas secas en un jarrón con arena seca. Y El Señor dijo : “Estos espinos secos has de dar una rosa y cuando esto suceda, Ladeira se abrirá”.


María José cumplió el mandato y puso las ramas secas en un jarrón con arena seca.


Esto nos lo contaron en el mes de diciembre de 1973.


¿Sería posible que de unas ramas secas brotara una rosa?


Era difícil de creer, tanto por el hecho en sí, como por la profecía de que en ese día Ladeira “se abriría”. Y más en la situación en que se encontraba Ladeira : cerrada, guardada por la GNR y sin esperanza humana de que se “abriera” de nuevo.


2 de febrero de 1974


El 2 de febrero de 1974, festividad de la Purificación de María y aniversario de la 2ª Alianza, nos decidimos a entrar en Ladeira, por la entrada principal, como habíamos hecho ya una vez en la Semana Santa de 1971.


La verdad es que nos dijeron que teníamos que entrar en Ladeira en esta fecha tan Mariana, “porque si entrabamos, sería el anticipo de que Ladeira se abriría muy pronto.”


Éramos varios centenares de peregrinos, pero menos que en otras ocasiones.

 

Nos reunimos en el pinar que está frente al camino que sube hasta la Cruz. En la entrada de Ladeira estaban los guardias, formando una barrera.


Varias veces nos habíamos reunido en este pinar, rezando y cantando, pero sin intentar entrar.


Debo confesar, con sinceridad, que yo veía aquello como una “misión imposible”. Cuando el Domingo de Resurrección de 1971 me puse al frente de los peregrinos portando el estandarte de España, yo sentía una “fuerza especial”. Esto ya lo he relatado anteriormente.


Pero este día no. Nada me hacía pensar que íbamos a llegar a la Cruz, ni siquiera que lo fuéramos a intentar.


Pero, de repente, inesperadamente, Margarita, una delicada mujer de Burgos, se puso a correr sola hacia la Cruz. Se estrelló contra los guardias, cayó al suelo y se levantó como un resorte.


Otras 3 mujeres, de rodillas, avanzaron también hacia la Cruz. Eran Lourdes, Adriana y Cecilia. Los guardias utilizaron las culatas de sus mosquetones, para rechazarlas. Pero ya otras muchas personas se habían puesto en movimiento.


Los guardias golpeaban a los peregrinos, que siguieron avanzando hasta llegar a la Cruz.

 

Yo seguía parado, como paralizado, cuando Odete me tomó de la mano y me arrastró hacia la Cruz.


Llegamos juntos a la Cruz, que empezaba a cubrirse con ramos de flores.


Vi a Soledad, una distinguida señora asidua de Ladeira, de rodillas, con los brazos abiertos, mientras un guardia le apuntaba con el mosquetón. Soledad gritaba : “No tengo miedo, no tengo miedo ¡Muero por Jesús!”.


El guardia estaba muy nervioso y otro guardia le hizo bajar el mosquetón, pues podía haber disparado. ¡Aquello no era un juego!


Los peregrinos nos agrupamos alrededor de la Cruz. No todos llegaron. Algunos se quedaron al principio del camino que subía a la Cruz. Otros ni siquiera se movieron.


Pasados unos minutos y ante la inminente llegada de refuerzos, nos fuimos retirando.


¡Habíamos abierto Ladeira, llegando hasta la Cruz, llenándola de flores, rezando y cantando a su alrededor! Hubo bastantes heridos y personas golpeadas. Pero estábamos contentos y orgullosos de lo que habíamos hecho.


¿Sería esto el anticipo de que pronto Ladeira se abriría, como se nos había dicho? Humanamente nada invitaba a creerlo.

 

El 2 de febrero varios centenares de personas conseguimos entrar nuevamente en Ladeira (la foto no es de ese día)
El 2 de febrero varios centenares de personas conseguimos entrar nuevamente en Ladeira (la foto no es de ese día)

A finales del mes de marzo, el día 25, festividad de la anunciación, estuve con María Concepción en casa de la familia de Humberto, su marido. Éramos un grupito pequeño. Estuvimos hablando y rezando juntos.


María Concepción entró en éxtasis y nos habló la Santísima Virgen. Ese éxtasis fue principalmente para mí. Me dijo algo que nadie sabía y que ella no podía tampoco conocer…Sus palabras me sorprendieron y me conmovieron. Fue una prueba clarísima para mí. Nunca me había hablado con tanta claridad. Fue algo muy personal.

 

25 de abril : Revolución de “Los claveles”


El 25 de abril estalló la llamada “revolución de los claveles”, que cambió el régimen de Portugal. No se derramó ni una sola de sangre. Fue una revolución liderada por los militares, a cuyo frente estaba, entre otros, el general Espinola. Querían traer la libertad y la democracia a Portugal.


No quiero entrar en comentarios políticos, que no me gustan. Pero lo cierto es que Dios se sirvió de ese hecho para liberar Ladeira.


Se dio orden de retirar los miembros de la Guardia Nacional Republicana, que llevaban 17 meses convirtiendo a Ladeira en una cárcel para aquella pequeña comunidad y en un lugar prohibido para los peregrinos.


Nos avisaron que Ladeira se “abriría” el 5 de mayo, tres meses después de que nosotros tuviéramos un anticipo de lo que era volver a entrar en Ladeira.


Cientos de personas acudimos a Ladeira el 5 de mayo. El famoso y arrogante capitán Silva, que había dicho que “rasgaría a sua farda” si Ladeira se volviese a abrir, fue el encargado de retirar a los guardias y dejar libre a Ladeira.


Al llegar a las casas en que vivía la pequeña comunidad de Ladeira, Maria Concepción nos mostró el jarrón con las ramas secas. Efectivamente, de unas ramas secas, plantadas en tierra seca, habían nacido hojas verdes y en una de ellas estaba despuntando una rosa.

 

Lo vimos perfectamente. No sé si en la foto que hicimos ese día se aprecia con tanta claridad. Fue una profecía cumplida y un prodigio singular. ¡Uno más!


No habían conseguida acabar con Ladeira. Volvería a ser un “Local de oraçao”, como había pedido El Señor.


Por cierto, Vasco da Gama Fernandes, el abogado que defendió a María Concepción en el juicio, fue nombrado presidente de la Asamblea de la Republica (equivale a nuestro Congreso de los diputados).

 

 

De unas ramas secas, plantadas en tierra seca, brotaron hojas verdes y una rosa...
De unas ramas secas, plantadas en tierra seca, brotaron hojas verdes y una rosa...

 

El 13 de mayo, una semana después de la apertura de Ladeira, en la oración de la tarde, María Concepción volvió a recibir la Sagrada Comunión dada por San Miguel.


La oración se hizo en la pequeña esplanada de la entrada de Ladeira, a la izquierda de la Cruz de mármol. Allí se irían a llevar a cabo las oraciones en años sucesivos.


Había un nutrido grupo de peregrinos, varios sacerdotes, entre ellos un dominico español que acudía por primera vez.

 

Después de más de una hora dirigiendo cánticos y oraciones, María Concepción entró en un pequeño jardín en cuyo centro, sobre una columna, había una estatua de la Santísima Virgen. Se arrodilló, colocó sus manos a la espalda y con la mirada extática, sacó su lengua. Instantes después, se vio una Sagrada Forma sobre su lengua. Como era habitual, María Concepción hizo una adoración profunda y luego volvió a mostrar la Sagrada Forma sobre su lengua.


Poco después, arrancó una preciosa rosa del jardín y se la entregó al sacerdote español, que la aceptó con una gran alegría.


Esta “Comunión visible” no sólo fue fotografiada, sino también filmado con una cámara de super-8, que es lo que existía en esa época.

 

Existen varias “Comuniones visibles” filmadas con cámara super-8. La más clara corresponde al viaje que hizo D. Francisco Sánchez-Ventura a principios de 1971, cuando presenció una Comunión visible en la que María Concepción mantuvo la Sagrada Forma en la lengua unas dos horas, sin que se deshiciera.

 

 

MES DE AGOSTO


En esta nueva etapa de “Ladeira abierta” la situación mejoró mucho. Ya no venían los guardias para impedir la oración, ni tampoco los salvajes (caritativamente, les llamábamos “gamberros”), que se dedicaban a provocar, insultar e incluso agredir a los peregrinos.


Volvió la oración de los primeros sábados de mes por la noche y la presencia de sacerdotes y Misas en Ladeira aumentó considerablemente. Ladeira volvía a ser un “Local de oraçao”.

Para no hacer interminable y repetitivo este relato, me centraré, principalmente, en dos días del mes de agosto.


18 de agosto.


Una caravana de coches nos dirigimos por la mañana a una pequeña bahía cercana a la localidad de de Foz de Arelho. En esa caravana había varios sacerdotes.


Oficialmente íbamos a coger almejas y berberechos para la comida del día 20, cumpleaños de Maria Concepción.


Efectivamente, por la mañana, estuvimos cogiendo almejas y berberechos. Llenamos varios cubos. Nos metimos al agua vestidos, pues la mayoría no habíamos llevado traje de baño. Estuvimos cantando y rezando dentro dela agua, con gran alegría.


Por la tarde hubo oración dirigida por Maria Concepción. Rezábamos de rodillas en la playa. 


Al terminar el Rosario, Maria Concepción comenzó a caminar hacia unas pequeñas rocas, que estaban junto a la playa. Varias personas la seguimos a unos pocos metros. Yo la veía perfectamente. Al llegar a las rocas, a la orilla de la playa, se arrodilló. Abrió los brazos. Esta vez no tenía las manos en la espalda, sino los brazos abiertos, la cabeza ligeramente levantada, mirando hacia arriba. Como en los casos anteriores, la Sagrada Hostia se hizo visible en su lengua. Era una Sagrada Hostia normal, en tamaño, color y forma.


Nos acercamos hasta ella, que comenzó a marchar de rodillas dentro del agua, al borde de la playa. Dos personas, una a cada lado, le ayudaban para que avanzase dentro del agua.


Yo caminaba delante de ella a un metro de distancia. Me di cuenta de que la Sagrada Forma no se deshacía, sino que iba aumentando de grosor. Algunos afirmaron que tenía la forma de un pequeño libro. Yo no puedo testificarlo, pero si vi claramente que la Hostia, completamente normal al principio, fue aumentado de grosor en su lengua.


Yo presencié varias comuniones visibles en Ladeira, pero nunca había visto que la Hostia aumentara su tamaño, como lo hizo esta vez delante de nosotros.


La mantuvo en su lengua alrededor de veinte minutos. Luego la tragó y El Señor se manifestó a través de Maria Concepción. Nos dijo que leyéramos el capítulo 10 del Apocalipsis.

 

Este capítulo relata cómo un Ángel, con un pie en el mar y otro sobre la tierra, le da a comer un rollo (libro) al profeta, suave al paladar y amargo en las entrañas, diciéndole que continúe profetizando. El paralelismo era grande…

 

Maria Concepción recibió la Comunion dada por San Miguel. La Hostia, completamente normal al principio, fue aumentando de grosor ante nuestros ojos...
Maria Concepción recibió la Comunion dada por San Miguel. La Hostia, completamente normal al principio, fue aumentando de grosor ante nuestros ojos...

20 de agosto


Cumpleaños de Maria Concepción y aniversario de la “gran batalla”, en la que los miembros de la Guardia Nacional Republicana cargaron, brutalmente, contra los peregrinos dos años antes.


Fue un día apoteósico, triunfal, con millares de peregrinos de Portugal, España, Francia, Italia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Canadá, México, Filipinas, Jamaica, Vietnam…

 

De España llegaron autocares de Valladolid, Asturias, Barcelona, Valencia, Granada y decenas y decenas de coches particulares. Había una veintena de sacerdotes.


Ocurrieron 2 hechos “curiosos”, como lo fueron el del aceite y el pelo, pero en tono menor.


Nos anunciaron que aparecerían un pez y unos panes. Así pues, entre varias personas hicimos un pequeño pozo en el Camino del Calvario. Este pozo tenía unos 70 centímetros de profundidad y unos 50 de diámetro. Pusimos plástico para que no se filtrara el agua y lo llenamos de agua.


Un hermano jesuita de Valladolid quiso quedarse por la noche junto al pozo, “de guardia”, para asegurar que nadie pusiera allí un pez.


Al salir la luz del día, Angel, el hermano jesuita, metió la mano en el pozo y vio que había algo vivo que se movía : era un pez.

 

Corrió para avisar a Maria Concepción y bajamos varias personas, que vimos el pez (una carpa de unos 18 centímetros). La colocamos, viva, en una palangana con agua limpia y clara para que todos lo vieran.


Otra persona, Jose Augusto, encontró a primeras horas de la mañana unos panecillos y 3 claveles, junto a la Cruz de la octava estación del Via Crucis. Por allí había pasado muchas veces en marcha extática Maria Concepción viviendo la Pasión.


Encontró 12 panecillos, tiernos, recientes. Se colocaron en una bandeja y pasaron de 12 a 33. Poco después eran más de un centenar. Estaban en una mesa, a la vista de todos. No estaban escondidos. No vino ningún panadero, ni nadie fue colocando allí panecillos.


Se había preparado una gran mesa, mesa de Alianza, donde si iba a colocar la comida. Todo el que se acercara con un plato recibiría su comida. La comida era : Sopa, almejas, berberechos, arroz, cordero y pan. Y como bebida vino.


Bastantes mujeres con los hábitos azules del Ejercito Blanco eran las encargadas de servir la comida. Primero sirvieron a los sacerdotes. Luego a las demás personas.


Era impresionante ver filas larguísimas de gente con un plato y un vaso pasando para tener su ración de arroz, cordero, berberechos, pan y vino. ¿De dónde salía tanta comida? Al parecer se multiplicaba. Me dijeron que sólo habían matado 3 corderos. Es cierto que las raciones no eran muy grandes, pero todos recibían su parte de sopa, primero y almejas, arroz, cordero, pan y vino, después…Muchos, incluso, repitieron.


Por la tarde, bajamos al “Local de oraçao” para la oración. Maria Concepción llevaba sobre su cabeza una tarta de varios pisos, blanca, muy blanca. Colocó la tarta sobre una mesa y empezó la oración. Se manifestó Santa Juana de Arco. Maria Concepción blandía una vela en su mano derecha y cantaba en éxtasis. Había millares de personas. Acudieron, también, sacerdotes portugueses “de paisano”, algunos de los cuales hablaron con sacerdotes españoles y les confesaron que no podían acudir libremente a Ladeira por miedo al Patriarcado.


Terminada la oración, Maria Concepción fue repartiendo pedazos de tarta a todas las personas presentes, ¡a todas!


Aquí sí que puedo afirmar que hubo multiplicación, clarísimamente. Todos y cada uno recibieron su trozo de tarta. Yo lo veía y no lo creía. Veía a Maria concepción cortando trozos de tarta y pensaba : “Son muy grandes. No van a llegar para todos, ni para una cuarta parte. Tiene que hacerlos más pequeños”.


Pero, insisto, no es que llegara para todos, sino que el primer piso, la base, el mayor, estaba completo, sin tocar.


Fue una jornada apoteósica, que nos compensó de tanto sufrimiento y persecución.


Yo me quedé varios días más y seguí comiendo de los restos del arroz, del cordero y ¡de la tarta, que duró varios días!


Existe una película de ese día, tanto de la comida como de la oración de la tarde y de la multiplicación de la tarta. (Es mucho mejor la pelicula que las fotografías que aparecen abajo. Quizá alguna día podamos colgar esa y otras peliculas).

 

José Luis López de San Román Tamayo

 

E-mail: sanromanta@gmail.com

 

 

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