Mi primer viaje a Ladeira (17 de julio de 1970)

 

Tengo sobre la mesa el testimonio que escribí a los pocos días de volver de mi primer viaje a Ladeira. Son 6 folios escritos a máquina, pero como me parece demasiado largo haré un resumen.

 

El 17 de julio de 1970, viernes, aprovechando un viaje a Fátima, un pequeño grupo de 23 personas, entre ellos un sacerdote y 2 religiosas, nos acercamos a Ladeira.

 

Copio directamente de lo que escribí en mi primer testimonio : “Yo arrastraba una larga y penosa sequedad, aridez espiritual, desde hacía varios meses…Me costaba rezar, no sentía nada en mi interior, sino al contrario, sentía la atracción del mundo, de la carne…”

 

Llegamos a Ladeira hacia las 7 de la tarde. Mi primera impresión de Maria Concepción fue bastante negativa : me encontré ante una campesina pequeña, tostada por el sol, con el rostro surcado de arrugas. Lo cierto es que intenté evadirme, quedarme solo, pasear.

 

Al cabo de una hora, aproximadamente, me vinieron a buscar :”Jose Luis, va a empezar la oración”. Tenían una pequeña capilla, con un altar, Sagrario, una Custodia con una Sagrada Forma grande traída por San Miguel, un Crucifijo colgado en la pared de metro y medio y la cama del “milagro de los Cuarenta días”.

 

Esta fue la primera vez que vi a Maria Concepción en éxtasis : 17 de julio de 1970
Esta fue la primera vez que vi a Maria Concepción en éxtasis : 17 de julio de 1970

Maria concepción y las mujeres de la pequeña Comunidad se habían puesto un habito azul, con puños blancos, cuello blanco y cinturón del mismo color.

 

Maria concepción, de pié empezó la oración y a los pocos minutos “entró en éxtasis”. Lo primero que me llamó la atención fue que el rostro de Maria Concepción ya no era el mismo : la vi transfigurada, sin una sola arruga, con un brillo y una luz especial.

 

“Mi Paz esté con vosotros”, así empezaban los éxtasis en los que El Señor se manifestaba a través de Maria Concepción.

 

En este primer éxtasis se dirigió a mi y aún recuerdo lo que me dijo (grabamos el éxtasis y lo oí muchas veces).

 

Sinceramente, el éxtasis me gustó. “Allí había algo”.

 

Poco después, cenamos todo el grupo con la Comunidad de Ladeira. Improvisaron unas mesas fuera, frente a la casa (era una casa alargada, de paredes blancas, con varias puertas y bastantes habitaciones). No había electricidad ni agua corriente, por lo que pusieron varias lámparas de gas.

 

El Padre Martins (nombre del sacerdote portugués que me informaba) les había anunciado nuestra visita. Y ellos nos acogieron como hermanos.

 

Fue una cena inolvidable, de auténtica fraternidad. Yo hablé mucho con Anastasio, un sargento de la GNR, que empezó como “perseguidor” de Maria Concepción, pero ante la avalancha de pruebas que recibió, se convirtió en el mayor propagador de las Manifestaciones de Ladeira. Fue testigo de innumerables hechos prodigiosos, como por ejemplo levitaciones. La vio elevarse en su “viaje al Cielo” y la vio descender…

 

Le vi muy firme, muy convencido, muy seguro. No parecía una persona crédula o fácil de engañar.

 

Después de cenar empezó la oración. Era muy frecuente la oración por la noche. De hecho, posteriormente, comprobé que en Ladeira se pasaban noches enteras en oración, especialmente la noche del primer Sábado al Primer Domingo de cada mes.

 

Maria concepción dirigió el Rosario. Al final de cada Misterio rezaba algunas oraciones espontaneas y algún cántico:”Vinde, irmaos, a Ladeira do Pinheiro, rezar pela paz do mundo inteiro…”

 

Pasadas las doce de la noche, Maria Concepción volvió a “entrar en éxtasis”. Estaba de rodillas en el suelo. Se fue arqueando hacia atrás, con los brazos levantados. Tenía los ojos cerrados. Abrazó, una por una, a las dos religiosas y a una le dio detalles de su superiora, que eran totalmente exactos.

 

A mí me cogió una mano, abrió sus ojos y me miró. No me pareció una mirada humana, no me pareció ella. Es como si con su mirada me dijera que conocía mi estado interior, mi aridez, mis tentaciones…

 

Nosotros la habíamos llenado los brazos de Rosarios, que ella mantuvo durante algún tiempo. Luego nos los devolvió todos juntos. Yo me quedé nuevamente, un poco decepcionado.”En Garabandal le devolvían a cada uno su Rosario”, pensé.

 

Pero nos devolvió los Rosarios perfumados, completamente perfumados y con 3 perfumes distintos. Es más, algunos mantuvieron el perfume algunas horas, otros días y otros semanas. El mío tenía el perfume a incienso (penitencia) y duró unas 24 horas. Otros tenían el indescriptible (al menos para mí) “perfume de Ladeira” , otros a rosas…

 

Después de entregarnos los Rosarios, Maria Concepción empezó a vivir la Pasión. Siempre en éxtasis, de una forma muy plástica, iba reviviendo distintos momentos (cuadros) de La pasión. Los de nuestro grupo lo seguíamos con respeto y sorpresa. Los de la comunidad de Ladeira, estaban plenamente integrados. Ellos veían a Jesús sufriendo su Pasión. Cantaban, rezaban, lloraban.

 

El éxtasis se prolongó mucho tiempo. Hubo un momento en que caída en el suelo, con los brazos en cruz, empezó a vivir la agonía. Yo me quedé aterrado : veía una mujer en el suelo viviendo una auténtica agonía. Y me asusté. ”Esta mujer tienen tan asumido que ahora es Jesús y que está viviendo su Pasión, que se nos va a morir de verdad”.

 

Quise intervenir y levantarla, pero, realmente, estaba clavada al suelo. Imposible moverla.

 

Pensé que podríamos tener problemas si le pasaba algo a “aquella mujer”. Durante varios minutos lo pasé francamente mal. Incluso me alejé un poco, pues me sentía agobiado. Y de repente, como impulsada por un resorte, se puso en pié de golpe. “¡Es la Resurrección!”, exclamaron algunas personas.

 

Continuó en éxtasis, dando un Mensaje cantado. Su voz vibraba en la noche y no acusaba el cansancio, ni las dolorosas escenas de la Pasión, que habíamos contemplado. Pudimos grabarlo en magnetófono.

 

Dijo textualmente :”Tu eres el primer sacerdote que va a celebrar la Santa Misa con los ornamentos de este Santo Lugar y el séptimo será portugués.” Esta predicción se cumplió al pie de la letra año y medio después, cuando el Padre Viegas celebró Misa en Ladeira.


También dijo algo muy importante, que nos pasó desapercibido, pero que yo entendí más tarde :”Aparecerán formas sin consagrar.”

 

Yo me sentía cansado y además, lo había pasado mal. Uno de los “apóstoles” de Ladeira me permitió dormitar una hora en su coche, mientras Maria Concepción estuvo acostada, sin dormir, acompañada por las religiosas.


Pocas horas después tuvimos la Santa Misa. En Ladeira no tenían Formas sin consagrar. Sólo tenían la Sagrada Forma grande, traída por San Miguel de un sagrario de la tierra y colocada en la Custodia.


Pero, poco antes de comenzar la Misa, aparecieron las formas sin consagrar, anunciadas en el éxtasis de la noche. En la capilla estábamos sólo Maria Concepción y yo.

 

Para que haya Consagración el sacerdote toma formas sin consagrar (obleas), pronuncia las palabras de la Consagración y se realiza el Sacrificio. No puede haber Misa, no puede haber Sacrificio, si la Forma ya está consagrada. Por eso aparecieron formas sin consagrar, pues en Ladeira no tenían.


Debo reconocer que la Misa fue muy emotiva. Yo estaba ayudando al sacerdote, frente a la gente. Vi que la mayoría de las personas de la Comunidad lloraban emocionadas. Creo que nunca he visto asistir a Misa con tanto fervor como ese día.

 

Insisto en que yo me encontraba cansado. Continuaba con mi aridez y sequedad espiritual, lo había pasado mal en algunos momentos del éxtasis de Maria Concepción por la noche. Por eso, sólo deseaba que todo aquello acabara, irme de allí y olvidarme de Ladeira para siempre.


Nada más acabar la Misa, cuando yo ya pensaba que todo había terminado y que nos podíamos ir, Maria Concepción entró nuevamente en éxtasis. En esos momentos, yo estaba “dando gracias”, pues fui el último en comulgar.

 

Entonces sentí dentro de mí una Presencia clarísima, ”impetuosa” (Hechos, 2 . 2) del Señor. Nunca me había pasado nada igual. Era como si El Señor tomara en su mano mi corazón seco y al ir cerrando su mano, mi corazón se fuera derritiendo como agua.


Instantáneamente comprendí todo el éxtasis de la noche anterior. Entendí que El Señor nos había mostrado su Pasión y que La Eucaristía y la Pasión eran los Misterios principales de Ladeira.


Durante varios minutos lloré como nunca en mi vida. Algo pasaba en mi interior. Me sentía querido por El Señor y El era lo que más me importaba en MI vida. Jamás me ha pasado nada igual en mis 64 años de vida, ni antes ni después. Nunca con esa intensidad, con ese ímpetu, con esa fuerza.


 

 

Maria Concepción y varias personas de la Comunidad nos acompañaron hasta el autobús
Maria Concepción y varias personas de la Comunidad nos acompañaron hasta el autobús

Eran las diez de la mañana y teníamos que irnos. Sentí a Maria Concepción y a la Comunidad de Ladeira como mi familia. Nos acompañaron hasta el autobús. Yo me iba muy “tocado”. No sabía a ciencia cierta lo que me pasaba ni cuánto me iba a durar.


Al volver a Valladolid, donde vivía entonces, continuaron los “efectos”. Mi sequedad había pasado, me atraía más que nunca ir a Las Esclavas donde estaba expuesta La Eucaristía y donde mejor me sentía. La atracción carnal prácticamente no existía.


Esto es difícil de confesar y seguramente, más difícil de creer. Pero fue así. Y me duró casi un mes. Luego, obviamente, volví a la normalidad.

 

Pero en Ladeira había tenido la experiencia espiritual más profunda de mi vida. De no haber sido así, jamás habría vuelto a Ladeira. 

 

José Luis López de San Román Tamayo

 

E-mail: sanromanta@gmail.com

 

 

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