Como decía al empezar esta página :


No pretendo escribir la historia de Ladeira, ni siquiera un resumen completo. Simplemente, quiero destacar algunos hechos significativos (en mi opinión) y, especialmente, contar mis vivencias y dar el testimonio de lo más importante (tampoco conseguiría recordarlo todo) que yo presencié, sentí y viví en Ladeira.

 

Y esas vivencias, las mejores de mi vida, que he defendido y defenderé siempre como algo sobrenatural celestial, ocurrieron entre los años 1970 y 1974.

 

Hubo más hechos importantes en los que yo fui testigo y participe.

 

Por ejemplo, en el local de oración había un pequeño jardín con algunos árboles frutales. Al hacer maniobras con una camioneta partieron un pequeño peral. Pasó el tiempo y el tronco, cortado en su base y astillado, se secó. Se nos encargó a 4 personas que lo regáramos con un cántaro de agua. Entre esas 4 personas estábamos mi esposa y yo.

 

Así lo hicimos. Regamos el tronco seco y astillado, pues se nos dijo que reverdecería. Y así fue. Pocos meses después, del tronco seco brotó una rama verde, joven, que fue convirtiéndose en un nuevo peral…

 

Se repetía el caso de la rosa que brotó de unos palos secos.


 

 

Muy importante para mí fue lo que ocurrió en diciembre de 1977.

 

Tuvimos nuestra primera hija el 13 de diciembre de ese año. Mi esposa recibió varios puntos al dar a luz. Necesitaba reposo para recuperarse.

 

El 23 de diciembre víspera de Navidad, mi esposa y yo nos debatíamos en la duda entre ir o no a Portugal, a ver a su familia. Nos ilusionaba poder llevar a la niña para que la conocieran sus abuelos maternos.

 

Pero las circunstancias no lo aconsejaban. Mi padre, que era medico, nos desaconsejó viajar, afirmando que era una “locura”, especialmente por el estado de mi esposa.

Pero la palabra locura me hizo pensar en Ladeira : “¡Benditos los locos de Mi Amor!”

 

Total, que decidimos ponernos en camino hacia Lisboa, sin haber avisado absolutamente a nadie. Queríamos llegar a la casa de mis suegros antes de la medianoche. No pensábamos entrar en Ladeira.

 

Pero cuando estábamos a pocos kilómetros de Ladeira (nuestra ruta a Lisboa pasaba por allí) sentimos un deseo incontenible de acercarnos a Ladeira.

 

“Bueno, entramos en Ladeira, besamos la Cruz y seguimos nuestro camino. Allí nadie nos espera ni saben nada de nuestro viaje”, dijimos.

 

Total, que entramos en Ladeira, besamos la Cruz de la entrada y dijimos :”Vamos hasta la imagen de Nuestra Señora de Las Gracias y a ver el peral que regamos y floreció…”


Pero al avanzar hasta la imagen de Nuestra Señora de las Gracias nos encontramos con Antonio López, uno de los apóstoles de Ladeira. Nos abrazó muy efusivo y nos dijo que “arriba nos estaban esperando, pues Maria Concepción en la oración de la tarde había dicho : Jose Luis viene de camino…”


Nos quedamos muy sorprendidos pues nadie, ni siquiera nosotros, sabíamos que íbamos a realizar este viaje. Nos sentimos obligados a subir hasta la casa de Maria Concepción, puesto que “nos estaban esperando”.

 

Al llegar ante la casa de Maria Concepción vimos que había mucha gente. El primero que se nos acercó fue un sacerdote peruano, el Padre Jesús y una religiosa canadiense.

 

Nos contaron que El Señor, por medio de Maria Concepción, había pedido que prepararan el suelo con paja, pues esa noche iba a llegar un recién nacido para hacer un “Belén viviente”. Nuestra sorpresa aumentaba con el detalle de que llegaría un “recién nacido”.

 

Preguntamos por Maria Concepción y nos dijeron que estaba en su casa y llevaba tiempo sin salir. Como teníamos prisa, fuimos a la casa de Maria Concepción y llamamos a la puerta. Nadie respondió. Entonces entramos nosotros, los 3, mi esposa con la niña y yo.

 

Maria Concepción estaba echada en un sofá rojo y viejo, que había en la salita de la entrada de su casa.

 

Nos dimos cuenta de que no estaba dormida, sino en éxtasis, con los ojos cerrados y un semblante sereno. Nos arrodillamos en el suelo, junto a ella. Maria Concepción, sin abrir los ojos, sonrió, acarició a nuestra hija y nos dijo : “Tenía que ser una niña…”

 

¿Cómo sabía Maria Concepción que era una niña?

 

A continuación, se quitó del cuello una cadena de oro que llevaba y se la colocó a nuestra hija (hoy todavía la sigue llevando).

 

Seguidamente, se levantó, se puso de rodillas, tomó en brazos a nuestra hija y salió fuera. Pidió que le trajeran un corderillo. Y tomó al corderillo en un brazo y nuestra hija en el otro. Luego depositó a nuestra hija en las pajas y entonó un villancico.

 

Debo hacer constar que nuestra hija estuvo todo el tiempo serena, sin derramar una sola lágrima, sin hacer un solo “puchero”.

 

Las personas presentes fueron pasando para besar a nuestra hija, recostada en las pajas, haciendo de “Niño Jesús”, mientras cantábamos : “Entrai pastores, entrai, por este portal sagrado…”

 

Hay que tener en cuenta que era el 24 de diciembre, en una noche fría. Con tanto beso, nuestra hija había perdido la toquilla y estaba un poco destapada. Mi esposa se asustó y pensó :”Con el frío que hace la niña va a coger una neumonía…”


Instantáneamente, Maria Concepción que seguía en éxtasis, se dirigió a ella y le dijo :”Mujer, no tengas miedo que a tu hija no le va a pasar nada.”


Efectivamente, nuestra hija no tuvo ni el más leve catarro, ni una tos, nada de nada.

 

Desde Ladeira nos fuimos a casa de mis suegros y llegamos antes de la medianoche para pasar la Navidad con ellos.

 

Hay bastantes más cosas que podría contar de viajes posteriores, pero insisto en que lo más importante lo viví en la década de los 70 y es lo que defiendo, porque me siento moralmente obligado, como Obra de Dios.  

 

……………………………………………..

 

Y ahora, voy a intentar hacer un “resumen final” para concluir esta página, una vez cumplido mi objetivo.

 

Ya hablé de la profecía del mes de noviembre de 1973 :”Cuando de estos palos secos brote una rosa, Ladeira se abrirá”.


Efectivamente, el 5 de mayo de 1974 brotó una rosa (de color rosa) de unos palos secos y ese mismo día Ladeira se abrió.

 

Posteriormente hubo otro anuncio profetico : “Cuando brote una rosa blanca, la Autoridad dará la mano a Ladeira.”


Fue una profecía muy esperada y que creó una gran expectación.

 

Y así, un día brotó una rosa blanca, la esperada rosa blanca.

 

Precisamente, ese día apareció en Ladeira un señor alto, de buena presencia, porte aristocrático, barba no muy larga, traje oscuro. La oración se realizó frente a la casa de Maria Concepción. Durante la oración, Maria Concepción tuvo un éxtasis, arrancó la rosa blanca y se la entregó al señor al que aludíamos antes.

 

Todos los presentes quedaron sorprendidos. ¿Quién era aquel señor al que Maria Concepción acababa de entregar la rosa blanca? ¿No se había anunciado que cuando brotase la rosa blanca, la Autoridad religiosa daría la mano a Ladeira?

 

Pues bien, este señor era D. Joao Gabriel, Archimandrita del Sínodo Ortodoxo Griego Vetero Calendarista, máxima Autoridad de esta Iglesia en Portugal.

 

Monseñor Joao Gabriel quedó muy bien impresionado en su visita a Ladeira. Estuvo hablando con Maria Concepción y le contaron la profecía de la “rosa blanca”.

 

Se hizo asiduo de Ladeira, pues en una visita posterior recibió una “prueba personal” incontestable. El mismo me lo dijo.

 

Yo no sé en qué consistió la prueba pero si me contó que entre otros hechos extraordinarios, había visto a Maria Concepción elevada, suspendida en el aire, en éxtasis, durante varios minutos.

 

Durante un tiempo, más de dos años, Monseñor Joao Gabriel asistía a la oración de Ladeira, permaneciendo en un segundo plano. Las Misas la celebraban, concelebraban, los sacerdotes católicos y más de una vez predicó Monseñor Joao Gabriel, que realmente, predicaba muy bien. Daba gusto oírle y además, al ser portugués, le entendían perfectamente.

 

Y en 1977, dependiendo Ladeira del obispado de Santarem, salió una Nota oficial contra Ladeira. ¡ERA LA CONSECUENCIA LOGICA DE LA PERSECUCIÓN Y DE LA INJUSTICIA COMETIDA CONTRA LADEIRA DESDE EL PRINCIPIO!

 

Entonces Monseñor Joao Gabriel le dijo a Maria Concepción : “Tu iglesia te rechaza, pero la mía te acepta y te acoge.”


A partir de entonces empezó una nueva fase en Ladeira. Monseñor Joao Gabriel empezó a tener un papel importante en Ladeira. Y su Iglesia, que apenas tenía fieles, empezó a crecer y crecer con el apoyo de Ladeira. Florecieron las vocaciones, de sacerdotes, monjes y religiosas. Con el paso del tiempo se crearon varias parroquias más y un Seminario.

 

Fue una época de auge y esplendor de Ladeira. Al principio las ceremonias religiosas, ortodoxas, las Santas Misas, se celebraban en el barracón de la entrada, remodelado y convertido en una iglesia.

 

Ladeira siguió creciendo. Se hicieron más edificios. Había muchos niños recogidos y se hizo una escuela para ellos. También se hizo un hogar para ancianos.

 

El Señor había pedido al principio una casa para niños, una casa para ancianos y una casa de oración.

 

Ladeira se convirtió en una gran Comunidad con decenas de personas viviendo allí.

 

Y se empezó la construcción de la catedral, que el Señor había anunciado en un éxtasis el viernes Santo de 1972. Entonces parecía algo impensable, totalmente utópico. Maria Concepción, al final de una marcha extática por el Camino del Calvario, subió un terraplén, pasó entre las alambradas que cercaban ese terreno y de rodillas delimitó un gran rectángulo. Y dijo : “algún día aquí habrá una catedral.”


Tanto fue creciendo el número de vocaciones y fieles que surgieron en Ladeira, que Monseñor Joao Gabriel fue consagrado Obispo el 19 de mayo de 1978. Fue el primer obispo latino.

 

El 17 de marzo de 1984 es nombrado Metropolita Primado y fundador de la metrópolis de Portugal, España y Europa occidental.

 

Más tarde, a finales de los ochenta, pasa a la Iglesia Ortodoxa autocefala de Polonia con el mismo rango jerárquico : Metropolita Primado de la Provincia eclesiástica de Portugal, España y Brasil, con el nombre de D. Gabriel I de Portugal. 

 

Yo tuve una buena relación con Monseñor Joao Gabriel (yo siempre le llamé así). Incluso me propuso ser sacerdote ortodoxo, pues yo había terminado los estudios de filosofía en el seminario de los Padres Capuchinos en Zaragoza.

 

Me parecía una persona muy espiritual, realmente excepcional. La historia de por qué se hizo ortodoxo es muy interesante, aunque no la voy a plasmar aquí.

 

Tenía su sede en Lisboa, pero quien mantenía la iglesia : sacerdotes, seminario, parroquias, todo en definitiva, era Ladeira.

 

Maria Concepción seguía rezando el Rosario tradicional como siempre, aunque rezaba también el Rosario ortodoxo. Incluso tuvo varias Comuniones extáticas haciéndose visible la Sagrada Forma, que era la Hostia de siempre, la que San Miguel tomaba de algún sagrario de la tierra.(Los Ortodoxos tienen los mismos sacramentos que nosotros, pero comulgan con pan impregnado en vino, que reciben por medio de una cucharilla…)

 

Sus Misas eran preciosas con cantos, incienso y manteniendo la misma liturgia que escribió San Juan Crisóstomo en los primeros siglos del Cristianismo, cuando no había más que una sola Iglesia.

 

Pero a la muerte de D. Gabriel I de Portugal (18-febrero-1997) llegó una época que yo, personalmente, llamo de “descomposición”.

 

Su sucesor se distanció de Maria Concepción, aunque seguía siendo Ladeira la que mantenía todo el entramado de esta Iglesia Ortodoxa…

 

Se nos había anunciado que Satanás, el gran divisor (el que divide), intentaría destruir Ladeira desde dentro, pues no lo había conseguido desde fuera.

 

Surgieron luchas internas y Maria Concepción se quedó con un pequeñísimo grupo de sacerdotes.

 

Todo esto le acarreó grandes sufrimientos.

 

Cuando yo iba a Ladeira veía una gran obra humana, pero ya no reconocía la Ladeira de antes, mi Ladeira.

 

La última vez que estuve con Maria Concepción fue en mayo de 2003. Aún la recuerdo sentada tras una mesa, a la puerta del comedor de la comunidad, rodeada de varias personas.

 

Yo iba con un sacerdote y varias personas más. Maria Concepción seguía teniendo una gran confianza con nosotros (el sacerdote y yo).

 

Nos habló de sus sufrimientos, sus tremendos sufrimientos tanto físicos como, sobre todo, espirituales.

 

Llegó a proponerle al sacerdote que se hiciera cargo de toda la Obra de Ladeira.

 

Cuando nos fuimos yo sentí un gran dolor, pues había visto a Maria Concepción muy cansada, muy dolorida….

 

El 10 de agosto estaba yo en casa de la familia de mi esposa en Portugal, viendo la televisión. El telejornal de la noche (digamos el telediario) empezó con esta noticia : “Ha muerto la santa de Ladeira.” A gritos llamé a mi esposa, que vio estupefacta la noticia. Nos quedamos sobrecogidos.

 

Al día siguiente nos presentamos en Ladeira. La catedral estaba abarrotada. Uno a uno fuimos pasando a dar el último adiós a Maria Concepción. La mayoría de la gente lloraba. Yo también me emocioné.

 

Había anunciado su muerte diciendo que ella no iría al mar (9 días después) ni tan siquiera estaría en la Misa del domingo…

 

Nadie presentía su muerte, que nos sorprendió a todos.

 

He vuelto a Ladeira bastantes veces después de la muerte de Maria Concepción y me venía a la mente la frase del poema del Mío Cid : “¡Dios que buen vasallo si hubiera buen señor!”

 

¡Tanta guerra, tanta persecución, tanta mentira, tanta saña, tanta injusticia contra esta campesina…!

 

En el Patriarcado estuve dos veces, acompañado de sacerdotes (aunque solo he narrado una, la primera) y sólo oí mentiras y falsedades. Jamás nos mostraron una prueba, un estudio. La condenaron sin ni siquiera oírla, sin un proceso canónico…

 

Si Monseñor Joao Gabriel, luego Gabriel I de Portugal, consiguió todo lo que consiguió gracias a Ladeira, ¿qué hubiera sido de Ladeira con el apoyo de la Jerarquía Católica?

 

Cuando Monseñor Joao Gabriel llegó a Ladeira era apenas Archimandrita (arcipreste) y, gracias a los fieles de Ladeira, llegó a Metropolita Primado de la Iglesia Ortodoxa autocéfala de Polonia, en la que murió, con millares de fieles.

 

A Jesús le condenó el Sanedrín llevándole a la muerte con testimonios falsos. Al menos le hicieron un juicio. Los sacerdotes eran tan “puros”, que cuando fueron a pedir la muerte de Jesús en la Cruz, no quisieron entrar en el Palacio de Pilatos para no contaminarse. Ellos eran los “puros” y Jesús era un blasfemo, un pecador, un malhechor…

 

Hasta aquí mi testimonio y mi aportación.

 

Como decía en mis conferencias sobre Ladeira : “mi intención no es demostrar ni convencer, sino simplemente ser fiel a la verdad y dar el testimonio de lo que yo presencié, viví y sentí en Ladeira.” 

 

 

José Luis López de San Román Tamayo

 

E-mail: sanromanta@gmail.com

 

 

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