Segundo viaje – 10 de octubre.


Volví a Ladeira a los 3 meses. Fuimos 4 personas, una de ellas un sacerdote de Valladolid, que fue testigo presencial de Las Apariciones de Ezquioga, donde se profetizó, “con pelos y señales”, la guerra civil española y la terrible persecución contra la Iglesia.


No voy a contar con detalle este viaje, sino que me detendré en algún hecho.


El mismo día en que llegamos, después de cenar, Maria Concepción empezó la oración en el recibidor – comedor (al entrar en la casa nos encontrábamos con este comedor, que hacía también de “recibidor”, pues había un tresillo, la mesa y algunas sillas).


Al acabar el Rosario Maria Concepción continuó con cánticos y oraciones espontáneas. Luego vi que cerraba los ojos, respiraba muy profundamente y cambió su tono de voz.

 

”¡Está en éxtasis!”, dijo alguna persona de La comunidad.

 

En el cielo no hay hambre, no hay sed, no hay cansancio. Es pura Luz. Allí, en toda hora y momento se alaba a Dios
En el cielo no hay hambre, no hay sed, no hay cansancio. Es pura Luz. Allí, en toda hora y momento se alaba a Dios

Yo no había apreciado ningún cambio “facial” significativo, como en el primer éxtasis que vi tres meses antes.

 

Me sentía un poco escéptico.”¿Estará realmente en éxtasis?”, me pregunté.


En ese momento, El Padre Pio, que era quien se manifestaba a través de Maria Concepción, se dirigió a mí y me dio un detalle personal, que ella no podía conocer en absoluto. Mis dudas quedaron disipadas.


En este éxtasis el Padre Pio llamó a Ladeira : “Ladeira de espinos y sufrimiento”. Nos habló del valor del sufrimiento. También nos habló del Cielo. Entonces, abrió los ojos y vi que tenían un brillo, un fulgor, especial.


A pesar de mis dudas iniciales, el éxtasis me convenció.

 

Más adelante comprobé que Maria Concepción podía tener los éxtasis bien de rodillas, de pié, sentada o caída en el suelo.


También comprobé que los éxtasis más profundos, más claros, eran aquellos en los que se manifestaban El Señor y La Santísima Virgen. Y quiero hacer constar, que en varios éxtasis en los que se manifestó La Santísima Virgen, vi claramente (lo vimos muchos) que sus ojos cambiaban de color y eran azules.


Esa misma mañana, en un éxtasis, se había manifestado San Miguel con un nuevo cántico inspirado : “A Ladeira é nossa”. Cantico emblemático, que fue grabado y en el que alcanzó tonos muy difíciles de conseguir, según afirmaron varios entendidos en música.


Son decenas los canticos inspirados que surgieron en los éxtasis de Maria Concepción. Tengo grabadas varias decenas de melodías distintas, que aún las sigo escuchando cuando viajo a Fátima, pasando justamente al lado de Ladeira.

 

El día 13 vi por primera vez una “Comunión extática visible”. Como ya dije en la breve reseña histórica, fueron habituales desde el año 1963 hasta diciembre de 1965. Después del “Milagro de los 40 días”, estas Comuniones visibles pasaron a ser ocasionales (Maria Concepción seguía recibiendo la Comunión, pero no se veía la Sagrada forma).


Fue en la oración de la tarde. Estábamos abajo, en el “local”. Éramos unas ochenta personas. Maria Concepción estaba frente al grupo, dirigiendo la oración. Rezó las 3 partes del Rosario, con canticos y oraciones espontaneas, como ya he dicho anteriormente. Daba gusto oírla cantar.


De pronto, me miró y me hizo una señal para que me acercase a ella. Maria Concepción, que estaba de pié, me hizo una indicación para que yo me arrodillara. Me arrodillé frente a ella y ella también se arrodilló. Se quedó extática, con los ojos abiertos, con la mirada fija en “Alguien” que los demás no veíamos. Su expresión era radiante, gozosa. Colocó sus manos a la espalda y sacó la lengua, a unos pocos centímetros de mi pecho. Vi su lengua vacía y cómo, instantáneamente, aparecía una Sagrada Forma blanca. Era una Forma normal en tamaño, color y grosor.


Una vez recibida la Comunión, cerró la boca y se inclinó profundamente, en un acto de adoración. A los pocos instantes, levantó la cabeza y abrió la boca, donde conservaba la Sagrada Forma, exactamente igual que cuando la recibió. La gente, “o povo”, al ver la Eucaristía en su boca, gritó “¡Viva Jesús, Viva Jesús!”.


Se puso en pié mostrando la Forma durante algún tiempo. Luego se arrodilló y se quedó extática con la Presencia del Señor en su interior.


Fue un prodigio clarísimo, que todos los presentes pudimos constatar.

 

 


José Luis López de San Román Tamayo

 

E-mail: sanromanta@gmail.com

 

 

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